La Colección: Un siglo de crítica

Publicado: 4 de octubre de 2012 en Exposiciones, Museos
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El arte moderno mexicano que surgió después de la Revolución de 1910 se distinguió por contar con un fuerte contenido social y político. El muralismo es el mejor ejemplo de esta tendencia que manifestó una serie de valores emanados de la lucha armada como el anticlericalismo, el nacionalismo o su consecuente antimperialismo. El programa del muralismo, también, reivindicó a las figuras del obrero, el campesino y el indígena como sujetos de cambio histórico así como mitificó como héroes a los líderes de la Revolución. No obstante, a la par del desarrollo del muralismo, varios artistas cuestionaron esta perspectiva heroica de la Revolución a través de imágenes que dejaban en claro que sus ideales estaban lejos de materializarse. Estas imágenes representan formas de violencia social; en ocasiones dirigidas a los mismos grupos glorificados en la pintura mural.

Esta postura crítica de una porción del arte moderno en México continuó a lo largo del siglo XX cuestionando constantemente el discurso de una conformación del Estado que durante décadas profesó trabajar para materializar una serie de ideales sociales progresistas mientras que, en la realidad, la situación del país se deterioraba cada vez más volviéndose más desigual y más injusta. La continuidad de esta postura en distintas prácticas artísticas a lo largo del siglo se mueve en contracorriente de una percepción generalizada en la que se considera que las nuevas formas de arte no figurativo, practicadas con mayor frecuencia a partir de la década de los cincuenta, carecían de un contenido crítico.

La falta de materialización de los ideales sociales de la Revolución por parte del Estado no fue el único objeto de crítica durante el siglo XX. Varios artistas también subrayaron fenómenos surgidos de un proceso de modernización capitalista como su cultura de consumo o los problemas relacionados de una rampante urbanización. Las imágenes de violencia tampoco se limitaron a la figura del Estado. Algunas obras se centraron, a lo largo del siglo, en la violencia ejercida entre individuos. Finalmente, el arte del siglo XX en México no sólo abordó la catástrofe social sino que registró la violencia que encerraron los cataclismos naturales sufridos por la sociedad en su conjunto.

Independientemente de formas de representación y soportes de la obra de arte, esta postura crítica fue una constante en la producción artística a lo largo del siglo pasado y continúa hasta el día de hoy. Esto revela el cuestionamiento y critica ejercidos por una porción del arte moderno -y por ende, de sus artistas- hacia las condiciones de su presente histórico. Esta continuidad queda expuesta con el arreglo cronológico de esta exposición; una articulación temporal que, simultáneamente, busca subrayar otro tipo de continuidad: la persistencia, por 100 años, de condiciones sociales de violencia, desigualdad e injusticia en México.

Daniel Garza Usabiaga
Curaduría MAM

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